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Racionalismo
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LOS CAUCES DEL RAZONAMIENTO. © Ricardo García Damborenea

1. Introducción
2. Formas básicas de inferencia
3. Inducción
4. Deducción
5. Hipótesis


Racionalismo


Introducción

  1. Los argumentos: generalidades y vocabulario.
  2. Conclusiones o tesis.
  3. Razonamientos mediatos e inmediatos.
  4. El orden de exposición
  5. Ideas afines a la de argumento
  6. La forma estándar
  7. Combinaciones de argumentos
  8. La carga de la prueba
  9. Tipos de juicio y grados de certeza
  10. Demostración directa e indirecta. La reducción al absurdo
  11. La refutación
  12. Argumentación ad hominem y ad rem.
  13. Resumen

6. La forma estándar

Sea cual fuere el modo en que presentamos o se nos ofrece un argumento, siempre es posible reconstruirlo en un formato que exhiba con claridad la estructura lógica del razonamiento, según el esquema siguiente:

Ya que (premisa)
y (premisa)
y (premisa)
----------------
Luego (conclusión)

Rara vez encontramos argumentos expuestos de forma tan clara. Razón de más para habituarnos a reconstruirlos, aunque sea mentalmente, apartando a un lado toda la hojarasca discursiva que lo reviste para ordenar los pasos del razonamiento. Por ejemplo:

No se puede decir que los sacerdotes católicos carezcan de responsabilidad en la guerrilla nicaragüense. Todos los revolucionarios de la región son católicos, como los sacerdotes. Es muy probable y más que probable que los sacer­otes sean revolucionarios marxistas, por lo que no se les puede considerar inocentes en este conflicto.

Parece convincente, pero veamos qué dice en realidad:

Todos los revolucionarios de la región son católicos.
Todos los sacerdotes de la región son católicos.
Luego, todos los sacerdotes de la región son revolucionarios.

¡Qué barbaridad! ¿De dónde sale esto? La conclusión no se sigue de las premisas. La segunda y la conclusión hablan de los sacerdotes, pero la primera no dice nada de ellos; no ofrece ninguna garantía que permita el paso de la segunda a la conclusión. Dice que los revolucionarios son católicos, pero no rechaza que lo sean igualmente los que no son revolucionarios. Es como decir:

Todos los ministros han estudiado derecho.
Todos los abogados han estudiado derecho.
Luego, todos los abogados son ministros.

Esta es una falacia muy común que se cuela insidiosamente salvo que reconstruyamos el argumento. ¿Cuál sería la garantía correcta para lo que se pretende concluir?: Todos los católicos son revolucionarios. Pero no lo dice.

No podremos refutar adecuadamente un argumento contrario sin desenredarlo. Más aún, la manera más simple de atacar un razonamiento erróneo (falacia) consiste en traducirlo a la forma estándar, para que su carácter defectuoso clame a los ojos de cualquier observador. Los fallos resultan así tan obvios que el oponente pudiera incluso acusarnos de distorsionar su ar­gumento. Para evitarlo, conviene ser cuidadoso en la reconstrucción y, antes de llamar la atención sobre ningún error, solicitar el auxilio del contrincante para que confirme lo adecuado de nuestro análisis: Si le he entendido bien, dice usted esto y lo otro ¿es así? Tal vez en este momento, el oponente se incline a corregir la chapuza. Nada nos impide prestarle ayuda.

Emplearemos la forma estándar para exponer el esqueleto de todos los argumentos que examinemos en esta obra.


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