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Racionalismo
Piensa, Sueña y atréteve
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LOS CAUCES DEL RAZONAMIENTO. © Ricardo García Damborenea

1. Introducción
2. Formas básicas de inferencia
3. Inducción
4. Deducción
5. Hipótesis


Racionalismo


Introducción

  1. Los argumentos: generalidades y vocabulario.
  2. Conclusiones o tesis.
  3. Razonamientos mediatos e inmediatos.
  4. El orden de exposición
  5. Ideas afines a la de argumento
  6. La forma estándar
  7. Combinaciones de argumentos
  8. La carga de la prueba
  9. Tipos de juicio y grados de certeza
  10. Demostración directa e indirecta. La reducción al absurdo
  11. La refutación
  12. Argumentación ad hominem y ad rem.
  13. Resumen

11. La refutación

No sólo argumentamos para defender nuestras posiciones. También lo hacemos para rechazar las de la parte contraria. Podemos utilizar diversos procedimientos:

a. La refutación más directa consiste en impugnar lo que se afirma, bien porque las premisas no están probadas, bien porque son falsas o contradictorias con los hechos conocidos, bien porque existen errores en la argumentación (falacias):

No es cierto que el mayordomo visitara a su madre. No es cierto que todas las aves vuelen.

De las falacias nos ocupamos en Diccionario de falacias.

b. Podemos también rebatir un argumento a partir de sus propios componentes por medio de una concesión, una retorsión o por reducción al absurdo.

- Hacemos una concesión para señalar que, aun reconocido algo, tenemos razón:

Dices que es difícil, yo creo que no, pero aun cuando lo fuera, debes hacerlo.

Conseguiré que admitáis que Licinio no sólo no debe ser eliminado de la lista de los ciudadanos, toda vez que es verdadero ciudadano, sino que incluso si no lo fuera, debería habérsele concedido el derecho de ciudadanía. Cicerón.[4]

La concesión, como se ve, es un salto a la garrocha sobre el argumento del adversario.

Para mayor prueba de lo que pretendemos probar, concedemos al adversario algo de lo que él nos opone y le demostramos que no concluye, aunque se le conceda (Fray Luis de León).

- En la retorsión, combatimos al contrincante dando la vuelta a sus mismas razones:

-No voy a gastar los pocos días que me quedan de vacaciones en hacer los deberes. -Precisamente porque son pocos tienes que aprovecharlos.

Del mismo dato se extrae una conclusión opuesta.

Como el profesor Lafuente pasase lista diaria y pusiera faltas de asistencia, se acercaron al profesor unos cuantos diciéndole que declarada la libertad de enseñanza, no debía obligarnos a asistir a clase; pero contestó que por lo mismo que se había proclamado la libertad de enseñanza, él enseñaba como le parecía bien.

Cardenal Belarmino- ¿Podéis dudar, querido Galileo, del movimiento del sol cuando la Sagrada Escritura dice terminantemente que Josué le dijo: "Sol, no te muevas"; y el sol se paró en mitad de su carrera?

Galileo- Pues ved ahí, Eminentísimo Señor, ved ahí por qué digo yo que el sol está parado: porque Josué lo paró.[5]

Se emplea con frecuencia la retorsión para refutar los dilemas.

- La reducción al absurdo nos sirve también para refutar. En este caso, utilizamos la conclusión del adversario como si fuera cierta:

Si es verdad que me ayudas para que trabaje menos, ¿por qué cuando lo haces tengo que trabajar más? Si no buscas nada, ¿Qué hace tu mano en mi bolsillo? Si quieres adelgazar ¿por qué comes tanto?

Podríamos enumerar refutaciones específicas para cada modalidad de argumento y para cada falacia, pero no es el momento. Visite para estas cosas el diccionario de falacias.

A todas estas variedades de refutación las llamamos fuertes porque persiguen derruir el argumento del oponente. Se consideran débiles las refutaciones que sin tocar el argumento adversario, le enfrentan otro que pruebe lo contrario, con lo que, en cierto modo equilibran las posiciones: dejan la pelota en el tejado.

Ni qué decir tiene: toda refutación, si no es sólida, puede ser refutada.


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